Comunidad Religiosa
Misioneras Catequistas de la Sagrada Familia

   
HERMANA GENOVEVA
HERMANA ELIANA
HERMANA ADELA
   



Tú y el Evangelio

A la luz del evangelio, admiramos a la mujer, a la Religiosa, a la fundadora que vivió el Evangelio; ella, Primitiva Echeverría Larraín.

A esta madre podemos aplicarle fácilmente;
" Tu y el Evangelio"
A ella le cautivó el Evangelio... y el texto: "Dejad que los niños vengan a mí". (Mt. 19,13 - 15). La cautivaban los niños, sobre todo los más humildes. Su deseo era llevarlos a Dios, a la fe, a vivir los Sacramentos.

Para cumplir esto, una meta especial, una vocación... seguir el llamado de Dios, seguir las huellas del Maestro; pero, ¿dónde? Entonces se inicia el camino de la búsqueda.

Entonces, Primitiva da el gran paso: fundar una congregación con sus ideales propios y su carisma puro.
A esta mujer admirable es hermoso aplicarle nuestro tema del año.
" Tu y el Evangelio"
En esta escuela, ella aprende que el amor, el servicio, la humildad, el ponerse en el último lugar, dejar las riquezas, dejar una familia pudiente, de la aristocracia de su tiempo, era el camino para servir a Dios. Esa era su meta.

 




SAGRADA FAMILIA

Primitiva, nuestra Madre, nos legó como espejo “La Sagrada Familia” hacia donde debemos mirar y mirarnos: Hermanas, Profesores, Apoderados e hijos y amigos.
Con fe pongamos los ojos en esta Sagrada Familia tan nuestra: dos jóvenes enamorados. Ella se llama María; y el se llama José. Los dos son novios; los dos son vírgenes, los dos ‘se aman de corazón; los dos son conscientes de que su unión la sella el amor de Dios.

Me gusta pensar cómo sería la casa de María y José al principio. Sueño en un mundo de sencillez, pureza, provisionalidad, originalidad, cercanía. Pienso que ellos "eran la casa"; aquellas cosas poco les importaban. Me gusta ver mesas y bancos y sillas y algún armario hechos por las manos de José con madera pura; tal ves de pino. Y con olor a nuevo, a campo, a vida. Me gusta ver manteles, toallas hechas al telar por María; tan blancas y puras como sus manos. Me gusta ver a José en su banco de carpintero, con la garlopa, o el serrucho o el martillo, trabajando en paz y sosiego. Como un artesano sacando cada pieza de sus manos. Me gusta verlo sudando y bebiendo en el cántaro de barro el agua fresca que María trajo de la fuente.

Los ojos de maría y José se abren de par en par ver cómo el niño crece; cómo jesús se hace muchachito; cómo se sienta al lado de su madre junto al telar, y ve cruzar los hilos; cómo se sienta al lado de su padre y juega con las virutas, los trocitos de madera..., y aprende a ayudarle. La vida se irradea. La vida llena ese hogar de felicidad.

 


Misioneras Catequistas de La Sagrada Familia
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