“COLEGIO NAZARET DE LA FLORIDA”
LA FLORIDA
90 años de vida
" Congregación Misioneras Catequistas de la Sagrada Familia "


Pastoral de Junio

LA MANO

         Un Editorial del periódico hablaba de una maestra  que le pidió  a sus alumnos de Primer año Básico que hicieran un dibujo de algo por la cual estuvieran agradecidos.
         Pensó en cuán poco tendrían que estar agradecidos estos niños de barrios pobres, pero sabia que la mayoría de ellos dibujaría pavos o mesas con comida. La maestra quedó desconcertada  con el dibujo que Douglas le entregó… una simple mano infantilmente dibujada. Pero… ¿la mano de quién? La clase quedó cautivada  por la imagen  abstracta. “Creo que debe ser la mano de Dios…

         Finalmente, cuando los otros niños estaban trabajando, la maestra se acercó al pupitre de Douglas y le preguntó de quien era la mano. “Es su mano, maestra”. Balbuceó.
         Ella recordó que, frecuentemente, en el recreo había llevado de la mano a Douglas, un niño bajito  y solitario. A menudo hacia eso con los niños, pero para Douglas significaba mucho.

         La maestra preguntó: ¿Por qué mis manos?
         Maestra tus manos acogen… me siento querido cuando me llevas  de la mano; tus manos son  suaves y amigas: Si querido Douglas, con las manos  nosotros decimos y hacemos  momentos muy gratos, como:

*  Saludar
*  Acariciar
*  Bendecir
*  Orar
*  Trabajar
*  Sanar
*  Ayudar
*  Despedir
*  Pintar
*  Crear

 

Estamos en Jericó. Jesús atraviesa la rica ciudad. Pero un hombre  se le va cruzar en el camino  y le va a cortar el paso. Es rico, es pecador  y se siente  marginado en la comunidad donde vive. Hoy corre y corre para ver a un Hombre  extraño: corre para ver  quién es Jesús.

         Zaqueo lleva alma de niño dentro-,  y trepa a un árbol. Por allí junto al sicómoro, va a pasar Jesús.
         Zaqueo ha subido. Cree que “subido” verá mejor al Maestro. No lo conoce. Al Maestro le gusta ver al hombre  “abajo”, desde un corazón  pobre, humilde. El  Maestro dice  que el que se eleva  será humillado y el que  se humilla será elevado. Zaqueo baja su mirada buscando a Jesús. Y Jesús alza  sus ojos buscando   al hombre pequeño de estatura y grande en dinero. Sin duda los dos querían  encontrarse. Y se habían puesto  de acuerdo  sin palabras.

         A los ojos de la gente que conocía a Zaqueo  en la ciudad, este hombre ha hecho el ridículo. ¿Acaso  no lo tiene  todo? ¿Qué clase de negocio  busca  en Jesús?
         Y Zaqueo cae. Cae de sí, desconcertado ante la palabra de Jesús. El  no quería tanto; sólo verle. Jesús le desborda, le saca de sí y le hace sentirse pequeño, niño. Jesús mirándole a los ojos, le ha dicho: “Zaqueo, baja en  seguida, porque hoy tengo  que alojarme en tu casa”.
         Zaqueo  sintió  que no era del árbol de donde tenia que bajar. Sintió que su prepotencia  bajaba, que su vanidad bajaba, que su poder bajaba…

         Zaqueo cansado de tener  un corazón arrugado, respiro hondo y sintió  que su corazón se dilataba, que  las ventanas de su casa  se abrían de par en par. Ahora si; ahora  este Hombre  llamado Jesús podía alojarse  en su casa. Y  de repente se sintió contento, feliz  como nunca. Como si hubiera  encontrado un Tesoro. Camina  “con Jesús”
         La gente no entiende. Un sinvergüenza, un ladronzuelo al lado de Jesús, el Profeta de Nazaret.