LA MANO
Un Editorial del periódico hablaba de una maestra que le pidió a sus alumnos de Primer año Básico que hicieran un dibujo de algo por la cual estuvieran agradecidos.
Pensó en cuán poco tendrían que estar agradecidos estos niños de barrios pobres, pero sabia que la mayoría de ellos dibujaría pavos o mesas con comida. La maestra quedó desconcertada con el dibujo que Douglas le entregó… una simple mano infantilmente dibujada. Pero… ¿la mano de quién? La clase quedó cautivada por la imagen abstracta. “Creo que debe ser la mano de Dios…
Finalmente, cuando los otros niños estaban trabajando, la maestra se acercó al pupitre de Douglas y le preguntó de quien era la mano. “Es su mano, maestra”. Balbuceó.
Ella recordó que, frecuentemente, en el recreo había llevado de la mano a Douglas, un niño bajito y solitario. A menudo hacia eso con los niños, pero para Douglas significaba mucho.
La maestra preguntó: ¿Por qué mis manos?
Maestra tus manos acogen… me siento querido cuando me llevas de la mano; tus manos son suaves y amigas: Si querido Douglas, con las manos nosotros decimos y hacemos momentos muy gratos, como:
* Saludar
* Acariciar
* Bendecir
* Orar
* Trabajar
* Sanar
* Ayudar
* Despedir
* Pintar
* Crear
Estamos en Jericó. Jesús atraviesa la rica ciudad. Pero un hombre se le va cruzar en el camino y le va a cortar el paso. Es rico, es pecador y se siente marginado en la comunidad donde vive. Hoy corre y corre para ver a un Hombre extraño: corre para ver quién es Jesús.
Zaqueo lleva alma de niño dentro-, y trepa a un árbol. Por allí junto al sicómoro, va a pasar Jesús.
Zaqueo ha subido. Cree que “subido” verá mejor al Maestro. No lo conoce. Al Maestro le gusta ver al hombre “abajo”, desde un corazón pobre, humilde. El Maestro dice que el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado. Zaqueo baja su mirada buscando a Jesús. Y Jesús alza sus ojos buscando al hombre pequeño de estatura y grande en dinero. Sin duda los dos querían encontrarse. Y se habían puesto de acuerdo sin palabras.
A los ojos de la gente que conocía a Zaqueo en la ciudad, este hombre ha hecho el ridículo. ¿Acaso no lo tiene todo? ¿Qué clase de negocio busca en Jesús?
Y Zaqueo cae. Cae de sí, desconcertado ante la palabra de Jesús. El no quería tanto; sólo verle. Jesús le desborda, le saca de sí y le hace sentirse pequeño, niño. Jesús mirándole a los ojos, le ha dicho: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.
Zaqueo sintió que no era del árbol de donde tenia que bajar. Sintió que su prepotencia bajaba, que su vanidad bajaba, que su poder bajaba…
Zaqueo cansado de tener un corazón arrugado, respiro hondo y sintió que su corazón se dilataba, que las ventanas de su casa se abrían de par en par. Ahora si; ahora este Hombre llamado Jesús podía alojarse en su casa. Y de repente se sintió contento, feliz como nunca. Como si hubiera encontrado un Tesoro. Camina “con Jesús”
La gente no entiende. Un sinvergüenza, un ladronzuelo al lado de Jesús, el Profeta de Nazaret.
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