Equidad
y Educación
Reflexionar
acerca de equidad en educación, es una invitación
a adentrarnos en la idea de la “justicia social” y
del como ello se corresponde con la ética. “Es imposible
pensar en equidad sin hacer mención a lo justo”.
Educación dice relación con lo público, por
lo tanto, con las políticas sociales que son responsabilidad
ineludible del poder político. Esta consideración,
nos lleva a plantearnos el entender el espacio educativo, no sólo
como un lugar físico de transmisión de conocimientos,
sino como aquel estadio donde se construyen significados y se
legitiman los saberes; es el sitio donde se distribuyen los roles
sociales por cumplir en directa relación con las oportunidades
entregadas para el logro de lo soñado, donde a decir de
Jesús María Redondo Rojo en su documento “La
dinámica escolar: de la diferencia a la desigualdad”
se naturalizan las desigualdades sociales y desequilibrios sociales
de distinto tipo, convirtiéndose en “el lugar de
identificación y despliegue de las capacidades subjetivas
y sociales”. Esta perspectiva asume educación como
un derecho público exigible, por lo tanto, como un elemento
del bien común. A decir de John Rawls “Toda persona
tiene igual derecho a un régimen plenamente suficiente
de libertades básicas iguales, que sea compatible con un
régimen similar de libertades para todos”
En
nuestro país existe una tendencia a relacionar “Equidad”
con “Gratuidad” y a esta última con la posibilidad
de “acceso” que permitan eventualmente, cumplir con
ciertos objetivos individuales y/o colectivos. Nace así
la idea, propia del modelo mercadista, que la “equidad”
se resuelve mediante el “acceso”, dejando en manos
del mercado el asunto de la “calidad”. Dentro de este
planteamiento. No es de extraño que aparezcan lumbreras
planteando vender empresas públicas para entregar a las
familias “bonos educacionales” con los cuales salga
a comprar educación, olvidando que nuestra sociedad sigue
siendo altamente clasista y elitista. ¿Qué pasaría
si los Machuca de Pudahuel o la Pintana decidieran matricularse
en el Grange o en el Saint George usando los bonos propuestos?.
Entender
“Equidad” como un regalo hacia los postergados, es
olvidarse del real sentido, aquel que dice relación con
lo “justo”, con la humana posibilidad de soñar.
Nuestros niños y jóvenes no esperan ni merecen limosnas,
sino reales oportunidades de construir sobre la base de su esfuerzo,
un futuro mejor.
Voluntad
es lo que hace falta, una voluntad sin miedo al que el Dios lucro
se despierte y cual gigante egoísta nos encuentre a todos
siendo fraternos y derrame su rabia contra nosotros. Necesitamos
entender la escuela como el espacio donde se construye el futuro;
un futuro donde cada uno contribuya desde sus capacidades, aquellas
que logró desarrollar en base a las oportunidades dadas.
Es
innegable el esfuerzo desplegado por los últimos gobiernos
democráticos en función de saldar la deuda social
y avanzar hacia estados más justos. Sin embargo todos los
estudios señalan que esto es insuficiente "Los hallazgos
confirman que el abismo social y económico entre el sector
subsidiario y el sector particular pagado permanece enorme, y
se establece además la existencia de divisiones substanciales
al interior del sector de opción subvencionado" (Gauri,
96: 111), Nuestro país y Latinoamérica en general
siguen siendo “la región más inequitativa
del mundo, con la mayor desigualdad en el reparto de la riqueza”
lo que indica que no basta con establecer políticas educativas
adecuadas, sino que se hace necesario cambios profundos de orden
social y económico. Este análisis coincide con lo
planteado en el documento “Desafíos para la educación
secundaria en América Latina y el Caribe” del Banco
Interamericano de desarrollo, donde pese a señalar que
“la educación puede ser un gran nivelador social
de la región, dado su potencial para estimular la movilidad
y mejorar los logros educativos de una generación a la
siguiente, es evidente que Latinoamérica sigue estratificada
según divisiones socioeconómicas, raciales y lingüísticas”.
La segmentación social heredad de la Dictadura, nos dejó
como herencia una estructura administrativa educativa que a todas
luces, muestra la ideología sobre las que se funda y que
denotan los antiguos tres tercios: por una parte la educación
municipalizada empobrecida y carente de recursos para los más
pobres; una subvencionada donde el estado y los padres aportan
para la clase media y una particular pagada que tradicionalmente
a contado con los recursos para los sectores acomodados. Esta
realidad está íntimamente ligada con los resultados
obtenidos a través de las pruebas Simce, donde ha quedado
claramente demostrado, que son los colegios pagados quienes obtienen
los mejores resultados.
Es
importante Considerar también, lo referido a la inequidad
existente en el acceso a las tecnologías computacionales.
El contar con Internet es hoy por hoy, fundamental para la búsqueda
de material, refuerzo escolar y profundización de materias.
Aquí también queda representada la gran brecha que
existe entre los alumnos que asisten a colegios municipales, subvencionados
y particulares pagados
Finalmente
se ha de tener presente que los estudiantes de hogares humildes
que logran salir de la pobreza han demostrado tener comportamientos
“resilientes”, lo que nos indica que los esfuerzos
en función de establecer reales posibilidades de acceso,
no sólo a la escuela, sino también a mejores condiciones
de vida, están plenamente justificados. Así, los
recursos destinados a mejorar dichas condiciones en términos
educativos y sociales tendrán el carácter de inversión
fundada en lo justo y no de gasto fundado en el mercado.